Crítica: Moonlight

moonlight-poster-lgLos premios de la Academia pasan cada año por diferentes crisis. Si en 2016 teníamos un dominio absoluto por parte de los actores blancos (haciendo pleno y acaparando el 100% de las nominaciones), este año se observa una enorme presencia por parte de los actores y actrices de color gracias a cintas como “Figuras Ocultas“, “Fences” o la cinta a analizar, “Moonlight“. ¿Está esta última a la altura de ese 99 en Metacritic?

De nuevo, malditas sean las altas expectativas. Si en algo son expertas las temporadas de premios es en empoderar cintas hasta niveles insospechados. “Obra maestra”, “la mejor película de 2016” o “sencillamente fascinante” son algunos de los cientos de comentarios que podremos leer acerca de películas como esta. El hype, finalmente, pasa factura, dejándonos un sabor agridulce tras la proyección de películas como “Manchester Frente Al Mar” o, por qué no, “La La Land“. Por desgracia, con “Moonlight” pasa exactamente lo mismo, dejándonos fríos y cuestionándonos hasta qué punto es capaz de apoderarse de nosotros la presión social.

“Moonlight”, película dirigida por Barry Jenkins, narra la infancia, adolescencia y adultez del afroamericano Chiron. La cinta supone un viaje íntimo sobre la madurez del personaje y una estupenda crítica hacia una sociedad poco avanzada procedente de un conflictivo barrio de Miami. La homosexualidad, el acoso escolar, la familia y la droga suponen el pilar fundamental del drama ganador al Globo de Oro de esta edición.

Sin embargo, las altas expectativas creadas hacia la película provocan un estado de insatisfacción cuando salimos de la proyección de esta. Personalmente, fui incapaz de empatizar de manera totalitaria con el personaje protagonista a pesar de la maravillosa descripción que se hace de este. Quizás se deba a mis altas expectativas por estar con la piel de gallina durante los casi 120 minutos de metraje o incluso a la larga retahíla de premios cosechados por esta. Por suerte, no vamos a obviar la infinidad de aciertos que esta contiene. En primer lugar, destacar su separación por actos: little, Chiron y black. Cada uno de estos capítulos representa una etapa evolutiva del personaje principal, basándose en la edad del protagonista como motivo principal para hacer esta separación. Sin embargo, la edad es tan solo una manera física y visual de ver los cambios que sufre el personaje. El verdadero motivo por el que estos actos quedan diferenciados (y, del mismo modo, consigue enganchar) se basa en la búsqueda de la identidad de Chiron. La primitiva inocencia, seguida de la rebeldía y valentía y terminando en un chico duro que nada tiene que ver con el personaje que conocemos en los primeros minutos de la película. Cada etapa de este supone una suma de elementos de etapas anteriores. Simplemente fascinante.

En su apartado interpretativo, brilla en su totalidad. El personaje de Chiron está realizado por tres actores diferentes. Quizás el que menos destaque sea el adolescente (Ashton Sanders) pero, de todos modos, consigue hacernos vibrar cuando el guión lo requiere (notablemente apreciable en la escena del despertar de su rebeldía). El de edad temprana, Alex Hibbert, es capaz de reflejar la inocencia característica del personaje de manera soberbia, cayendo el espectador a los pies del joven actor. Y, ahora, los pesos pesado de la película. En primer lugar Mahershala Ali, que se adentra en Juan, el mentor del protagonista en su etapa más temprana. Tan solo son necesarios unos segundos para quedarnos atónitos ante la apropiación del personaje. Increíble. Por otro lado, tenemos a Naomie Harris, ejerciendo el papel de madre drogadicta. Hay momentos en las que parece que estamos viendo Hermano Mayor. Harris es capaz de hacer suyas todas y cada una de las escenas en las que aparece, resultando uno de los mayores atractivos de la cinta. Si bien es cierto que el Oscar a mejor actriz de reparto parece llevar nombre y apellido (Viola Davis), no sería de extrañar que “Moonlight” cosechase también el Oscar a mejor actriz de reparto. Vistos los premios ya anunciados, parece ser que el nombre de Ali está siendo ya grabado en la estatuilla dorada.

Es necesario aplaudir a Barry Jenkins por el maravilloso trabajo ejercido. Sin lugar a dudas, la dirección menos pomposa de esta temporada y, por suerte, la que quizás más aporta al resultado final de la película. El mérito de hacer buen cine se basa en contar más allá de las palabras y Jenkins lo ha conseguido. Podemos comprobarlo en dos de las mejores escenas de la cinta [con una pizca de spoiler]. En el primer acto podemos ver cómo el protagonista está siendo agredido por algunos amigos del barrio y Kevin, su mejor amigo, decide enfrentarse a el en una pelea con el fin de demostrar la valentía aún no presente en Chiron. La escena está compuesta por planos muy cerrados y que cambian cada segundo, escuchando solo el sonido de la hierba cuando ambos se revuelcan por ella. Sí. Parece una escena de sexo, y más aún cuando la pelea finaliza, que podemos escuchar a ambos personajes casi hiperventilando tumbados en el cesped mirando al cielo. El trabajo de Jenkins queda más que claro, habiendo sido capaz de contar una infinidad de detalles acerca de la personalidad de Chiron sin usar ni una sola palabra: la existencia de valentía, su homosexualidad y el comienzo de su madurez. Otra escena a tener en cuenta es el acto de rebeldía cometido por Chiron en su etapa adolescente, mostrando el miedo del personaje cada vez que abre una puerta mediante meticulosos planos detalle. Por muy fan que yo sea de la dirección de “La La Land”, reconozco que tiene más mérito la sutileza de “Moonlight” que la que Damien nos presenta en el musical.

Su guión es sencillamente fascinante. “Un drama sobre un negro gay” puede llegar a convertirse en una tediosa tv-movie. Sin embargo, la película se apoya en muchísimos aspecto esquemáticos con el fin de evitar caer en ese foso. Una película más que necesaria viendo los tiempos que corren (y no solo en Estados Unidos) y, sin lugar a dudas, una cinta que no caerá en el olvido, aunque España haya decidido darle la espalda (unas diez personas en la sala tan solo una semana después de su estreno). “Moonlight” consigue funcionar como película reivindicativa sin caer en los discursos heroicos como muchas de sus contrincantes. La sutileza con la que está narrada, sin necesidad de una banda sonora que nos obligue a adentrarnos de manera forzada en la piel de los personajes, es uno de los grandes aciertos que la película lleva consigo.

En definitiva, “Moonlight” supone un drama que, de no ser por las altas expectativas creadas, se habría convertido de inmediato en mi favorita. Sin embargo, es imposible evitar el mal sabor con el que dejé la sala de cine debido a no convertirse en un “clásico instantáneo”. Una película que ganará con los revisionados, ya que brilla aún más en sus pequeños detalles que en su conjunto.

Nota: 8 / 10

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3 comentarios en “Crítica: Moonlight

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